Editorial Agenda 2010


Son caminos, son puentes, plazas y balcones.
Son encuentros, sueños, luchas, trabajo individual y colectivo.
Son pensamientos, canciones, poemas, muros pintados, belleza.
Es caminar, es reunirse, es planificar, es evaluar, es reflexionar, es ponerle a las bocas una lágrima y a las miradas una voz.
Son árboles, pájaros, nidos, cocuyos, aire limpio, ríos, quebradas, mares, gotas de agua. Es entender que los ríos de sangre que circulan en nuestro interior desembocan en el océano, cuando no se evaporan para ser cielo. Es entender que los trinos, gritos, rugidos, relinches son también nuestro lenguaje y son células de las que estamos formados.
¿Qué hacer para sumarnos y multiplicarnos, cuando en la acera del frente está el desencuentro y el desamor? ¿Qué hacer para que tanta buena voluntad no pierda en los minutos anteriores a la explosión de tanta bomba cotidiana? ¿que hacer para que no nos venza nuevamente la desesperanza? ¿qué hacer para no equivocarnos o para tener la certeza de que no estamos solos frente a un espejismo?
Es nuestra vida individual lo que está en juego. Es nuestra comunidad particular lo que está en juego. Es el único planeta en el cual nuestra especie tiene morada lo que está en juego.
La política, por lo menos la que a nosotros nos interesa, se puede reducir a algo muy sencillo: persigue el bien o no. Se pueden hacer muchas teorizaciones sobre la relatividad del bien, la conveniencia de unos y otros. Sin embargo, creemos que hay algunas cosas básicas, y debemos empezar por allí, a riesgo que mucha intelectualidad nos critique de simplistas.
¿Es bueno robar o no? ¿Es bueno querer ser millonario o no? Hace falta definitivamente sembrar el valor de que cada quien tenga lo que por su esfuerzo merezca, a riesgo que las loterias quiebren. ¿El querer ganar la lotería no es acaso una estafa que se hace cada uno a sí mismo, aunque el resultado es que lo estafen a uno.
¿Se piensan los proyectos porque se persiguen soluciones o por beneficios personales que se pueden obtener? Son así de básicas las cosas muchas veces.
¿Nos planteamos crecer económicamente, pero pensando en que grandes sectores excluidos históricamente accedan a servicios justos o crecemos para enrolarnos a un afán consumista de artículos innecesarios manteniendo ritmos de vida comprados en la televisión?
Creemos que se debiera, así como se colocan como logros el crecimiento en la producción y consumo de ciertos productos, de una revolución que está buscando su camino, también debieran colocarse como logros la disminución de otros. Fué patética la declaración de un ministro de finanzas, hace ya algún tiempo, que nombraba como logro de gestión el aumento del consumo de la cocacola. Creemos, para usarnos de este ejemplo, que sería un índice de aumento de la conciencia revolucionaria la disminución del consumo de este producto, así como de tantos otros.
No es malo hacer algunos ejercicios. Por ejemplo, colocarse en cualquier esquina, en cualquier ambiente, reunión, trabajo, sector educativo, comercio, etc, y preguntarse, viendo bien todos los detalles y rincones, si es que ha llegado la revolución, en qué ha llegado, cómo ha llegado, en qué se expresa. A veces es un ejercicio realmente optimista cuando observamos a gente del pueblo discutiendo, analizando, forjando futuro. A veces puede llegar a ser deprimente.
Otro ejercicio. Vaya a cualquier botadero de basura de esos que se acumulan anárquicamente en cualquier rincón de nuestras ciudades. Párese tres minutos a observarlo: analízelo, vea que cosas hay. Imagínese ahora que si cada una de las personas que botó esa basura hubiera tenido que guardarla en su casa, porque los rellenos sanitarios colapsaron, porque los servicios de recolección colapsaron, porque la naturaleza colapsó y no es capaz de absorver una basura más. Imagínese a cualquier Pedro, Juana o Pepe acumulando en su dormitorio cantidad de botellas desechables de cerveza, botellas de plástico de refresco o bolsas de chuchería hasta que el mismo colapse y no tenga espacio donde dormir. Seguramente antes de que esto pase dejará de consumir para abocarse a lo estrictamente necesario y que produzca la menor cantidad de desechos.
Este modo de vida debe de cambiar y en muchas cosas debe ser un retornar a tiempos pasados, a modos de vida más simples, y la revolución de lo pequeño debe dar luces frente a megaproyectos que a veces siguen reproduciendo más de lo viejo. Volver a pasados pero romper esquemas mentales pasados. El capitalismo nos ha convertido en consumidores y productores de basura. Y de la basura que más se produce es la del tipo mental.
Las soluciones no son individuales, pero la toma de partido si es una opción personal y depende de lo que hagamos por la Conciencia. Así con mayúscula. La Conciencia con caminos, puentes, ríos, pájaros, miradas, voces, poesía, amor y voluntad. Es optar por la verdad y allá los que opten por el engaño, las triquiñuelas, las manipulaciones, el abuso y la falta de respeto a todo nivel.
Son tiempos en donde en todos los espacios debemos preguntarnos si el mandato constitucional de refundar la patria como una democracia participativa y protagónica se está realizando. La voz debe tenerla la gente simple y llana de nuestro querido y hermoso pueblo.

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